Editorial

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Iván Darío Carmona Aranzazu

Abstract

Para efectos de desarrollar una reflexión en torno a la importancia de un saber como el de la filosofía, cuando se pretende llevar a cabo un ejercicio de comprensión de nuestra existencia, bien vale la pena tomar en serio este texto de Epicuro, extraído de su Carta a Meneceo. Nadie duda de la importancia que éste le concede al ejercicio del filosofar a la hora de intentar conseguir la felicidad. Filosofar conduce a la serenidad, conduce a la aceptación sosegada de lo que en nuestro destino es inmodificable. Se hace necesario preguntarse por esa forma particular de la filosofía que permite la serenidad y el conocimiento práctico de la existencia: ¿qué condiciones son estas que permiten que en cualquier momento de nuestra vida podamos hacer uso de la filosofía como camino para alcanzar la serenidad, y por ende, la felicidad como fin último? De entrada, Epicuro nos propone meditar sobre los principios
que rigen la existencia, tener un conocimiento claro y preciso de las condiciones propias de nuestra naturaleza humana; esto nos conducirá necesariamente a un conocimiento de sí, de los otros y del mundo, a un conocimiento de las cosas que delimitan y condicionan nuestra posibilidad de actuar en él. Meditar y filosofar en este caso son lo mismo, es intentar un conocimiento práctico, un conocimiento que pueda aplicarse como una medicina sobre un mal.

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