¿Dónde y cómo aprender para que toda la vida sea un culto espiritual?
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Biografía del autor/a
Philippe Bordeyne, Universidad Pontificia Bolivariana
Doctor en Teología del Instituto Católico de París y en Historia de las Religiones y Antropología religiosa de la Sorbona. Decano y profesor de teología moral en la Facultad de Teología y Ciencias Religiosas del Instituto Católico de París. Sacerdote de Nanterre donde es capellán de la preparación al matrimonio. Ejerció su ministerio durante diez años con los jóvenes, luego en el servicio diocesano del catecumenado. Colabora en la sección de teología moral de la revista Recherches de Science Religieuse.
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Resumen
Las relaciones entre la moral y la liturgia han sufrido una historia desafortunada en la que la primera reducía la segunda a la observancia de obligaciones que debían traducir la correcta realización de la virtud de religión: como que se ignoraba que el actuar de Dios precede a cualquier actuar humano cuando se trata del culto. A su vez, la reflexión sobre la liturgia ha subestimado que la experiencia moral contribuye a la justa comprensión de las celebraciones
cristianas cuando admite, en la fe, que el actuar está siempre mezclado de sufrimiento. Hoy en día, la renovación de la ética de las virtudes ilumina la interacción entre el entrenamiento para hacer el bien y el descubrimiento del bien. Desde entonces, aparece una nueva cercanía con las prácticas litúrgicas que participan integralmente en la apropiación de los bienes espirituales con que ellas satisfacen a la Iglesia. El resultado es que la vida moral y la vida litúrgica contribuyen conjuntamente para descubrir que el ser humano está llamado, por gracia, a que haga de toda su vida un culto espiritual, para conformarse luego a este misterio, con alegría.