Una reflexión bioética para la tecnociencia

Guillermo León Zuleta Salas

Resumen


El inteligente hombre

Sin lugar a dudas el más extraordinario descubrimiento que ha hecho el hombre, de lo que de por sí le es innato, es la inteligencia. Una que empezó a ser humana cuando nuestros antepasados decidieron bajar de los árboles y, algún día, ya nutridos de raíces y de frutos secos con un alto valor proteínico, observaron que el palo y la piedra que llevaban en sus manos y a los que habían recurrido para defenderse, al darles unos golpes con destreza, soltaban unos pequeños trozos que, a la vez, creaban unas aristas que los convertían en instrumentos de primerísima categoría para, por ejemplo, ‘crear’ el fuego, carnear los animales cazados, atemorizarlos hasta el punto de poder domesticarlos y cultivar las plantas; creando a su alrededor un hábitat distinto al que la naturaleza les ofrecía. No había que salir a buscar el alimento todos los días recorriendo grandes distancias y exponiéndose a los peligros implícitos en esas actividades; podían valerse de los animales y plantas de la ‘granja, dejando tiempo para el ocio, el entretenimiento, el compartir con los demás integrantes del clan, amar a sus mujeres, educar a sus hijos y cultivar el arte de dejar plasmados en las paredes sus hazañas, sueños, esperanzas y temores. Todo eso gracias a su inteligencia.


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DOI: http://dx.doi.org/10.18566/escr.v24n53.a10